.- EL HOMBRE DE LA CARRETERA TRASANDINA.
.- Comenzaba a caer la tarde. Los rayos de sol se perdían entre nubes y montañas. La niebla empezaba a descender sobre el páramo de El Zumbador. Las casas, los árboles y las montañas, comenzaban a desdibujarse.
.- Don Cipriano calzo botas altas, se abrocho su ruano de lana y se puso el sombrero, seguidamente monto su briosa mula y se dispuso a transitar por la Carretera Trasandina desde El Zumbador a Mesa de Aura. No gustaba de viajar de noche, pero si apuraba un poco el trote llegaría temprano a su hogar. A pesar de la niebla aun se veía la estrecha faja de la carretera. Comenzó el descenso.
.- Estaba llegando a El Palmar. Recordó que en varias ocasiones había visto un hombre al borde de la carretera, pero nunca hizo caso; sin embargo las conversaciones de sus amigos referentes al hombre de la carretera lo hicieron reflexionar. No sabían de quien se trataba ni que hacia en las noches a un lado de la carretera. Posiblemente era un lugareño trasnochador que curioso veía pasar a los viajeros. Efectivamente, allí estaba el hombre a la derecha, debajo de un árbol. Vestía como los campesinos de la región y nada raro o al menos aparentemente mostraba su presencia. Don Cipriano acelera el trote y con un ¡ Buenas noches nos dé Dios!, Murmurando entre dientes, se perdió en la lejanía.
.- Poco después toco a la puerta de una casa en Mesa de Aura.
.- ¡ Gente de paz!. Abre hijo, soy yo. - Y al poco tiempo un joven con un candil descorriendo los cerrojos, abría la puerta.
.-Entro en la caldeada cocina y poco después saboreaba una mazamorra de maíz con cuajada. Los alimentos y el calor del fogón le quitaron el frío. Se despojo de la ruana y converso con sus hijos. Intrigado dijo:
.- ¿ Saben una cosa?.
.- ¿ Que? - diga, padre.
.- Hoy me tope de nuevo con el hombre de El Palmar. Me pareció más pálido y más misterioso que otras veces.
.- Ese no es un hombre real, es un espanto. ¿ No lo cree usted?.
.- Posiblemente, quizás donde el se aparece hay un entierro.
.- Es posible.
.-Él mas joven de los hijos dijo:
.-¿ Y si vamos mañana cuando el sol caliente y buscamos el entierro?
.- ¿ Que les parece?.
.- Si, - contestó otro.
.- Bueno, mañana sabremos cual es el misterio que encierra el hombre de El Palmar, ahora a dormir. ¡ Dios me los bendiga!
.- ¡ Hasta mañana! ¡ Que tengan feliz noche!.
.- ¡ Hasta mañana, padre!.
.- A la mañana siguiente después de saborear una pizca con arepas de trigo, salieron en sus mulas don Cipriano y sus tres hijos. Llevaban en sus alforjas las herramientas necesarias para excavar. Llegaron a El Palmar cuando el sol empezaba a calentar. Buscaron el árbol donde salía aparecer el hombre y al hallarlo, en un rellano entre la carretera y el precipicio, comenzaron con las palas y los picos a excavar.
.- Levantaron varios metros de tierra. De vez en cuando golpeaban con un barretón y escuchaban el sonido. Al cabo de varias horas de trabajo cuando ya parecía que su esfuerzo era inútil, tropezaron con una cosa dura a varios metros de profundidad. Sacaron mas tierra y con cuidado fueron bordeando el objeto. Luego de un gran esfuerzo quedo al descubierto un enorme cofre de madera de roble. Emocionados descorrieron los herrumbrosos cerrojos, levantaron la tapa y dentro, estaba un bulto envuelto en paños amarillentos. El arca que estaba toda forrada de cobre se había conservado seca. Ninguno se atrevía a levantar los paños, hasta que don Cipriano dijo:
.- Veamos su contenido. - Y acto seguido levanto uno de los paños.
.- ¡ Armas antiguas!.
.- ¡ Son fusiles y mosquetones....!
.- ¡ Mosquetones.....! ¡ Fusiles.....!
.- Estas armas son antiquísimas, quizás las guardaron aquí en los primeros años de la independencia.
.- Si, el hombre las cuidaba con celo.
.-
Dieron parte a las autoridades y el cofre y su contenido lo llevaron para
un museo del centro. A partir de entonces no ha vuelto a aparecer el hombre
de la Carretera Trasandina.
Tomado del Libro: "Leyendas del Táchira" de Lolita Robles de Mora
1983.- San Cristóbal - Táchira - Venezuela.