.- Un cálido y luminoso día de Mayo pescaban unos amigos en el río Uribante. Estaban mas abajo de El Milagro, en las Tres Esquinas. Amarraron la lancha a un árbol de la orilla y lanzaron sus atarrayas. El río en su cauce normal. Las aguas límpidas y frías corrían de la montaña al llano. En sus orillas se veían extensas playas y tupida vegetación; en otras el agua llegaba profunda hasta las riberas.
.- Eliseo escucha el sonido silbante de una atarraya y pregunto a Jesús:
.- ¿ Escuchaste?.
.- Y un sonido inconfundible de atarrayar se oyó en el río.
.- Si escuche, es ruido de atarrayas, pero ¿ quien las lanza?.
.- No lo sé, por estos lados no estamos mas que nosotros. La mañana esta tranquila y los únicos ruidos son los de las aguas y los pájaros.
.- Miraron a todas direcciones y solo vieron la llanura inmensa, tupida selva, el río de corrientes rápidas y el cielo azul.
.- Recogieron sus redes y sacaron unos cuantos bagres pintados de mediano tamaño. Los volvieron a echar y otra vez:
.- Rasssss....rasssss...rasssss, seguido de los golpes secos:
.- Zas - zas.
.- Durante todo el día escucharon el sonido de atarrayas lanzadas por manos invisibles. Habían oído a otros pescadores que estas cosas sucedían por esta época del año. Era el Tarrayador: Las redes de los pescadores muertos en el río y símbolo de buen augurio.
.- La pesca fue abundante: bagres, cachamas, toros y doradas. En la tarde vendieron sus piezas en el poblado cercano.
.- Al oscurecer sacaron la lancha del río y la amarraron fuertemente. Colgaron sus hamacas en un rancho de unos compadres y se dispusieron a dormir.
.- Sintieron un ruido ensordecedor y de un salto salieron del chinchorro. Llamaron al compadre:
.- ¡ Compadre!.
.- Ya va compadre.
¡ Viene una abundada!.
.- Tiene que estar lloviendo en la cabecera del río.
.- Y efectivamente, el agua bajaba con gran estrépito. En un instante había rebasado sus riberas y se precipitaban a gran velocidad trayendo consigo piedras y palos. Aguas tumultuosas bajaban de la montaña arrastrando con todo lo que encontraban al paso.
.- Entre todo ese torbellino, entre ese ruido característico de las crecidas, sobresalieron unos gritos. Gritos escalofriantes que se repetían de tiempo dejando a los hombres mudos.
.- El compadre exclama:
.-
¡ Esos son los gritos de los ahogados en el río Uribante!. Estos
siempre se oyen en mayo cuando el río crece.
Tomado de Libro: "Leyendas del Táchira" de Lolita Robles de Mora
1983.- San Cristóbal - Táchira - Venezuela.