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EL PUENTE DE LA RATONA.

.- EL PUENTE DE LA RATONA.

.- El cielo azul marino tachonado de estrellas era la única nota brillante de aquella noche oscura. A la vera del camino se alineaban los árboles y matorrales semejantes a encapuchados en procesión. La carretera en ascenso alumbraba solo las luces de los automóviles que de tarde en tarde pasaban por el lugar. Las casas de los alrededores estaban apagadas. Todo era quietud, apenas se oía el croar de las ranas y de los sapos cerca de la quebrada. Eran las doce de la noche.

.- A pesar de que su familia le dijo que no transitara la carretera de San Cristóbal a Santa Ana después de la media noche, se habían empeñado en volver a su casa, el no creía en cuentos ni leyendas.

.- Paso el puente de la quebrada La Ratona y cuando comenzaba a subir la cuesta noto que el automóvil se volvía pesado, como si le hubieran echado cien costales de plomo. Le pareció extraño ya que la maquina estaba en perfectas condiciones y el tablero no tenia ninguna luz indicadora de fallas. Las ruedas patinaban como cuando hay agua o aceite en el pavimento, sin embargo todo estaba seco. Paso a una velocidad más potente y con los mismos resultados. ¿ Que raro?, - pensó, - no tiene fallas mecánicas y sin embargo amenaza con detenerse y el volante se hace cada vez mas pesado. No me gustaría quedarme detenido a estas horas en este lugar.

.- Un tenue rayo de luz como de una estrella fugaz, penetra por una de las ventanas traseras. Miro por el espejo retrovisor y vio sentada en el asiento posterior a una mujer esbelta y rubia vestida con sutilísimos tules. Su atrayente belleza estaba envuelta en u halito de suave luz. Rafael se frota los ojos y siguió viendo por el espejo a la hermosa dama. En esos momentos recordó a la Venus de Botticelli.

.- ¿ Quien seria tan cautivante mujer?.

.- Con mucha dificultad siguió por la carretera en ascenso. Un sudor frío le recorrió todo el cuerpo.

.- Se tranquilizo un poco. Estaba llegando por al poblado, se veían casas diseminadas a ambos lados de la carretera. Iba muy despacio pues el automóvil se le hacia muy pesado.

.- Oyó como la puerta trasera del carro se abrió y se volvió a cerrar. Miro por el espejo y en el asiento no se encontraba ya la mujer, estaba frente al cementerio. A Rafael se le erizaron los pelos del miedo y acelero....

.- Con el tiempo averiguo que Gabriel murió hace algunos años en un accidente en el puente La Ratona. La quebrada iba crecida y no encontraron su cuerpo para darle cristiana sepultura. Por eso ella se aparece en el puente y acompaña a los que van solos hasta el cementerio.


 

Tomado del Libro: "Leyendas del Táchira" de Lolita Robles de Mora

1983.- San Cristóbal - Táchira - Venezuela.


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