Cuentos de aquí, allá y del más allá....
JUAN Y LOS FRIJOLES MÁGICOS.
Erase una vez una mujer muy pobre, que no tenía sino una vaca.
Un día, no teniendo nada que comer le ordenó a su hijo Juan que fuera al mercado a venderla. Juan muy obediente emprendió el recorrido.
De pronto, mientras caminaba triste y resignado por la encomienda, halló a un hombrecito muy extraño que le ofreció unas semillas de fríjol a cambio de la vaca.
El muchacho, ilusionado por el aspecto mágico del hombrecito, aceptó y regresó muy contento a su casa.
La madre, al recibir las semillas como pago de su única pertenencia, se puso muy molesta y las tiró por la ventana.
¡ Cuál no sería su sorpresa de madre e hijo, cuando en la mañana siguiente vieron que las semillas habían germinado y la planta era tan alta que parecía iba a tocar el cielo!
Juan se preguntó: "¿Que se verá desde la parte mas alta de la mata ?".
Sin pensarlo dos veces, empezó a trepar. Al rato, desde las ramas, descubrió un hermoso castillo y a través de una de las ventanas vio a un feroz y enorme gigante.
A Juan le entró una gran curiosidad y decidió entrar allí, fuera como fuera. Dio un gran salto, entró al castillo y se escondió dentro de un armario escuchando lo que decía el feroz y enorme gigante a su mujer:
¡ Nadie podrá robarme mis dos grandes tesoros: la gallina de los huevos de oro, y el arpa que realiza todos mis deseos!
Al rato, el gigante se quedó dormido luego de comer y beber como un bárbaro. Al saberlo dormido, Juan el muy listo salió de su escondite y se apodero de la gallina que ponía huevos de oro y sin perder un instante se agarró de la mata y bajó a toda velocidad hasta llegar a su casa.
La madre estaba encantada con el regalo que le había entregado su hijo.
¡ Tendría huevos de oro!
El muchacho complacido al ver la felicidad de su madre, decidió regresar, trepó de nuevo por la planta, entró al castillo y se escondió. Otra vez en el armario. En eso entró él gigante y gritó:
Un, dos tres huelo a carne de res lo voy a descuartizar con sus huesos pan.
Empezó a buscar por todos lados y al no hallar a nadie se sentó a comer.
Mientras tanto, Juan, que estaba temblando, esperaba pacientemente a que el feroz y enorme gigante se durmiera.
Si lo descubría, su vida estaba perdida.
Al fin, el gigante empezó a roncar y Juan pudo apoderarse del arpa mágica que concedía a su dueño todos sus deseos. Trepó por la ventana, salto a la mata y empezó a bajar.
Mas el gigante, que no estaba tan dormido como parecía, pronto empezó a perseguirlo.
Casi lo agarra, cuando Juan logró tocar el suelo, tomó su hacha y, de un solo golpe, cortó la planta y el gigante al caer se disolvió en polvo. Juan y su madre no volvieron nunca a ser más pobres y vivieron felices comiendo perdices.
Tomado del Libro: "Cuentos de aquí, allá y del más allá" de Gabriel Gutiérrez
Sábado 01 de septiembre de 2001.- San Cristóbal - Táchira - Venezuela.