.- EL CERRO DE LA MINA.
.- Un grupo de jóvenes salió de excursión hacia el cerro La Mina. Dejaron atrás el pueblo de Santa Ana y se internaron por un sendero. Hablaron animadamente de sus cosas. De vez en cuando se detenían para coger pomarrosas maduras, luego, proseguía el camino. Algunos contaban sus experiencias en la montaña.
.- El camino en ascenso se hace cada vez más difícil. Van subiendo entre peñascos y arbustos. Tienen como meta llegar a la cumbre antes del mediodía. El sol aun no calienta y una suave brisa les caricia el rostro. Algunos se adelantan acoger moras silvestres que luego comen con deleite. Otros jadeantes se sientan a descansar.
.- Tal como habían calculado llegando a la cima cuando el sol estaba en el cenit. Contemplaron el paisaje a sus pies: por un lado se divisaba Santa Ana con sus casas coloniales, la torre de la iglesia y a lo lejos las haciendas de café; por el otro la quebrada La Ratona y más lejos el río Quinimarí todo bordeando de cañaverales. En la lejanía montañas y valles fértiles. El paisaje es rico y variado, a pleno sol luce en todo su esplendor.
.-Cada muchacho saco su avio y sacio su apetito aumentado por la caminata. Descansaron después sobre la menuda hierba y emprendieron el viaje de regreso. Uno de ellos comento:
.- Dicen que el cerro de La Mina esta encantado, en él vaga el espíritu de Manaure, cacique de los Caquetíos.
.- Otro prosiguió:
.- Cuando crece él rió Quinimarí, en la abundada, se ve a Manaure surcar las aguas espumosas y turbulentas en su caballo alazán.
.- Los que han visto dicen que es un indio alto y bien parecido; cuando aparece sobre las aguas tumultuosas, en ese año la cosecha de café es abundante.
.- Un tercero añadió:
.- Manaure quería mucho esta zona y no permite que profanen los lugares donde él vivió. Dicen que si le tiran piedras al cerro, el se disgusta y desencadena una tormenta capaz de llevar consigo todo lo que encuentre al paso.
.- Yo no creo mucho en eso - dijo otro.
.- Pues yo sí.
.- Si no lo veo no lo creo, esos son cuentos de viejos.... Y acto seguido cogió una piedra del tamaño de su puño y la lanzo hacia el cerro. Luego otra, y otra.....
.- Ya estaban llegando al valle cuando de pronto el sol se cubrió de espesas nubes negras y la temperatura descendió vertiginosamente. Gruesos goterones comenzaron a caer hasta convertirse en torrencial aguacero. Centellas cruzaban el aire en todas las direcciones y el ruido de los truenos hacia retumbar y estremecer el cerro. El agua bajaba con estrépito llevando consigo piedras, palos y árboles. El ruido era ensordecedor.
.- Los jóvenes corrieron despavoridos. Llegaron al pueblo jadeantes y empapados. Allí no llovía, el cielo era azul y el sol radiante. Casi al unísono dijeron:
.- ¡ Manaure!.
.- Manaure castiga a quien ose interrumpir la quietud del cerro.
.- No permitiré que le lancen piedras.
. La leyenda de que el espíritu del cacique anda errante por estos parajes es cierta.
.-
La naturaleza es su aliada.
Tomado del Libro: "Leyendas del Táchira" de Lolita Robles de Mora
1983.- San Cristóbal - Táchira - Venezuela.