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¿EL CALENTAO DE MARISELA...?

Cuentos de aquí, allá y del más allá....

 

¿EL CALENTAO DE MARISELA...?

Pueblo Hondo una pequeña población ubicada al norte del estado Táchira, donde el tiempo se detuvo, todos sus pobladores viven de cultivar la tierra y llevan una vida apacible de paz y soledad, alejado del mundanal ruido y el estrés como también de las vías de comunicación, sus lugareños se han acostumbrados a ver con cierta curiosidad a todo aquel que llegue a su pueblo, para luego comentar entre sus amistades; viste como estaba vestido ese tipo que llego, y la mujer que llevaba, y los carajitos, etc., y así todo lo que les llamo la atención.

En uno de esos días en que se practicaba este deporte tradicional, la chismorrea, llego una camioneta con unos jóvenes provenientes de Caracas, todos estos al bajar del vehículo comenzaron a dar rienda suelta a sus extrovertidas manera de ser, y al hablar su manera peculiar con el acento caraqueño malandro y en alta voz, mientras los embelesados pobladores los veían y se reían de su inusual comportamiento.

A medio día luego de visitar varios lugares y de ser seguidos por las miradas furtivas de los pobladores, los jóvenes decidieron ir al único sitio donde se podían almorzar, una pequeña pulpería al entrar todos se quedaron prendados de Marisela, la hija de la dueña, esta joven los cautivo con su exuberante belleza y enigmática mirada de sus ojos color de café, y pelo rubio largo y lacio que le llegaba hasta la cintura, los jóvenes caraqueños se miraron todos y Raúl les dijo "Oras como que no han visto a una gocha"; parecen que los del monte son ustedes y no estos gochos, de manera inmediata Marisela le miro fijamente, aquella mirada congelo a Raúl por su insolencia que balbuceo perdone señorita no es con usted, sino con estos compañeros míos.

No hubo respuesta de Marisela tan solo los ignoro y de manera despectiva se dio media vuelta y regreso hacia la cocina de la pulpería.

Los jóvenes se reían por el desplante de la muchacha y la cara de asombro de Raúl, este sin embargo sintiéndose el líder del grupo, grito a viva voz:

¡Mesera quien atiende aquí!.

Salió de nuevo Marisela y pregunto: ¿Que desean los jóvenes?

Bueno cambiando de tono de voz, dijo Juan: Si eres tan amable de dar nos el menú para comer.

¿El menú?, Respondió Marisela, bueno acá solo tenemos lo del día y es pizca, arepa de trigo, nata y para tomar agua miel o calentado, dijo enfáticamente.

Bueno dijo Miguel otro de los jóvenes tráiganos una ración de cada cosa a cada uno con eso tenemos.

Marisela les sirvió a los jóvenes que se habían sentado en una de las mesas de la pulpería.

Uno de los jóvenes preguntó y que es eso de "pizca", es sopa de papa con leche muy caliente respondió Raúl, que no había vuelto a hablar sino miraba embelesado a Marisela, estaba prendado por la muchacha, esta cuando le sirvió le lleno todo el vaso de calentado el cual tomo de una sola vez Raúl sin saber que tomaba y se dio un brinco carajo esto es casi candela lo que medio; dijo Raúl

Ahhh... dijo Marisela, el joven quiere mas y le sirvió otro vaso y le dijo a manera de reto a que no te lo tomas todo, de inmediato Raúl acepto el reto y se tomo todo el vaso riéndose la muchacha diciendo esta gocha si es gafa, si cree que con ese calentado me voy a rascar, si no hace efecto tan solo esta caliente, y le dijo sírveme otro vaso de guarapo ese que preparas; ¡y que de calentado!, En son de burla la muchacha le sirvió otro vaso y se río dio media vuelta y se fue, no volvió a salir más.

Los jóvenes terminaron de degustar la comida y de pagar, se fueron a su camioneta ahora si vamonos de este pueblo de gochos y abordaron su camioneta tomando la vía hacia Coloncito empezaron a bajar por la carretera cuando ya llegaban casi al llano se encontraron con la carretera bloqueada por un derrumbe no había como pasar la camioneta lo estrecho de la vía a todas estas Raúl empezó a reírse como un loco se bajaron de la camioneta y los jóvenes se preguntaban y a este que le pasa cuando se dieron cuenta que Raúl lo que estaba era borracho le había empezado a ser efecto el alcohol del calentado se volvió como loco gritando, cantando riéndose, haciendo payasadas sus compañeros ahora si acá aguantando frío y la plaga de zancudos picando y de paso con este loco cantando que esta enamorado de la luna, bueno que vamos hacer dijo Miguel, no iremos a quedarnos aquí.

Bueno lo mejor yo creo es volver al pueblo y pedir que nos alojen en la algún sitio además la muchacha esta bonita, bueno vamos a regresar estuvieron todos de acuerdo.

Al llegar al pueblo ya era de noche no había luz por las calles empedradas tan solo se veían unos viejos enruanados cerca de la plaza en una bodega hablando, lleguemos allá y le preguntamos quien nos puede dar alojamiento.

Buenas noches..., dijeron.

Buenas noches jóvenes, dijeron los enruanados.

Mire es que nos topamos con un derrumbe en la carretera y tuvimos que regresar acá a pasar la noche no saben ustedes quienes nos pueden dar posada aquí.

Bueno dijeron acá no hay posadas, ya que nunca viene mucha gente, mientras tanto Raúl continuaba cantado como un loco en la camioneta, unos de los viejos se reían y le dijeron vayan a la pulpería de doña Euladia ella puede hospedarlos.

Y donde queda eso preguntaron los jóvenes.

Hacia allá..., señalaron hacia la pulpería donde habían comido horas antes.

A sí allá, donde almorzamos, dijo Miguel.

Se dirigieron todos hacia la pulpería dejando a Raúl cantándole a la luna, y por cierto esa noche era de luna llena se veía espléndidamente iluminada en toda su hermosura, al llegar a la puerta de madera tocaron suavemente.

Quien es; pregunto una voz femenina desde el interior.

Somos los caraqueños que llegamos hoy y no podemos continuar el viaje por un derrumbe.

Aja..!, Y que quieren los jóvenes!, Pregunto la voz de la mujer esta vez en forma airada.

Bueno Doña, queremos ver si nos puede dar posada.

¡No esta noche no!, No doy posada pues es noche de Anabel!.

¿Y quien es Anabel.?, preguntaron los jóvenes

Eso a ustedes no les importa, váyanse del pueblo, si sabe que lo que les conviene.

Los jóvenes regresaron como regañados a su camioneta, y ahora que hacemos.

Bueno dijo Miguel durmamos acá en la calle total debe ser más seguro que dormir en la carretera allá abajo con la niebla y oscuridad, además de la soledad de esa carretera ya mañana veremos como salir.

Bueno dijeron todos y empezaron a buscar sitio en la camioneta donde acomodarse mejor.

Al rato Juan dijo con todo el ruido que hace cantando Raúl no podemos dormir parece un gato maullando, rieron todos por la ocurrencia de Juan y se dijeron bueno vamos a decirle a Raúl que ya conseguimos posada y que la muchacha lo esta esperando allá en la posada, así nos lo quitamos de encima por un rato y le echamos una vaina a la vieja que nos grito, esta bien dijeron todos al uniso.

Raúl, Raúl ven acá mira te conseguimos una habitación en la posada, ve allá y toca la puerta.

A muy bien dijo Raúl, y se fue cantando calle debajo de repente trastabillaba un poco parecía caer pero recobraba el equilibrio iba cantando a su imaginaria amada.

Todos estaba viendo cuando Raúl toca la puerta y pensaban ahora le sale la vieja y lo insulta.

Al poco rato se abrió la puerta se vio a través de la luz existente de la posada que salió una esbelta y bella mujer en ropa ligera quien agarró por la mano a Raúl y lo llevo hacia adentro cerrando la puerta.

Todos se dijeron pero que suerte tiene el condenado y nosotros buenos y sanos nos corre, y al loco de Raúl todo borracho, se lo llevan del brazo, bueno vamos a dormir en la camioneta como los perros muertos de frío, se rieron y se durmieron todos.

Al amanecer del nuevo día se despertaron por el cantar de los gallos del pueblo, que frío hizo anoche dijo Juan, si a mi se me congelaba hasta los huesos dijo Miguel, bueno vamos a esperar a que salga el sol para calentarnos un poco mas, se ve todo penumbroso, es la neblina que esta alzando ya el sol la despeja que bonito se ven la siluetas de las casa entre la niebla parece un pueblo fantasma, dijo Miguel y no se ve nadie en la calle, que va esos están todavía durmiendo calientitos en sus camas.

Ya cerca de la siete de la mañana salía el sol por un lado del pueblo, pregunto Juan; ¿Cómo la abra pasado Raúl?

Ese todavía debe estar cantándole a la luna, todos se rieron ya eso de las ocho de la mañana vamos a tocar la puerta para buscar a Raúl, para irnos ya de aquí.

Tocaron esta vez abrieron la puerta y se asomo Marisela con su mirada enigmática, les sonrío y pregunto; ¿que quieren los jóvenes..?

Ellos dijeron a coro venimos a buscar a Raúl, ya nos vamos de aquí.

¿Raúl, cual Raúl?; pregunto Marisela.

Pues el joven que durmió aquí en la pulpería anoche, le dejamos aquí anoche, si anoche dijeron todos a coro.

Pues yo no lo vi; dijo Marisela.

¡Cómo que no lo viste!

No fuiste tú la que salió casi sin ropas y se lo llevo hacia adentro nosotros te vimos.

Mire jovencitos yo no fui, ni salí mucho menos como dicen ustedes afuera a buscar a nadie, mas respeto saben, dijo Marisela en forma airada y amenazante.

Bueno si no fuiste tú alguien lo llevo hacia adentro, dijo Miguel.

Marisela se quedo pensativa hummm, ya sé que paso anoche era el día de Anabel, ya vengo y cerro la puerta.

Al poco rato se abrió la puerta y salió Doña Euladia, y les dijo:

Ustedes como que no entendieron que anoche era el día de Anabel, no me hicieron caso, ¡Como es eso que anoche durmió uno de ustedes aquí?.

Si anoche Raúl, entro y durmió aquí.

Bueno mijitos, como ustedes no hacen caso, ahora vayan a buscar a su amigo allá donde Anabel.

Donde queda eso preguntaron todos.

Pregunten allá en la plaza dijo Marisela, que se reía de manera picara, su rostro enigmático tomó otra dimensión de belleza inusual, todos la observaron y se fueron no sin antes decir; que bella es la condenada podría ser una mis Venezuela.

Al llegar donde estaba la camioneta estacionada le preguntaron a uno de los pobladores que donde quedaba la casa de Anabel.

¡Y eso pa´que!; dijo el campesino.

Bueno para buscar a un amigo nuestro que durmió allá anoche.

A lo que el campesino soltó una sonora carcajada y entro en su casa, al cabo de un rato empezaron a salir de sus casas los pobladores del pueblo, todos ya sabían lo ocurrido y se fueron parando frente a la camioneta a observar a los jóvenes caraqueños, estos ya enfurecidos gritaron: Bueno que es lo que pasa, aquí como que nadie sabe donde vive Anabel.

Todo el pueblo se río a carcajadas, por la ocurrencia y un niño les dijo vayan por ahí que al final verán una casita, allá vive Anabel.

Los jóvenes montaron en cólera, encendieron su camioneta y arrancaron picando cauchos rumbo donde señalaba el niño.

A todas estas el pueblo entero se dirijío en tropel hacia la casa de Anabel.

Los jóvenes llegaron y se estacionaron frente a la puerta de la casa y tocaron la corneta de la camioneta, mientras todos los del pueblo gritaban Raúl, Raúl sal de allí, y se reían.

Al cabo de un rato sé entre abrió la puerta y se asomo el joven caraqueño que salió todo desnudo corriendo hacia la camioneta gritando auxilio, socorro que me quiere hacer el amor nuevamente, atrás salió una viejita que se paro y le grito: ¡Muchacho cobarde anoche si y ahora no!, Grito volteándose y cerrando la puerta.

Todo el pueblo, se echo a reír y le gritaba pasaste la noche con Anabel, y todos se reían y burlaban de los caraqueños, quienes no salían del asombro y no entendía aun que había pasado.

Encendieron la camioneta y arrancaron para regresar por donde habían venido y pasar por entre medio de la multitud que gritaban: ¡Raúl, Raúl, no huyas cobarde, anoche sí hoy no!.

Otros gritaban; ¡Raúl vuelve pronto!, Y sé reían a carcajadas.

Bueno Raúl, ¿qué paso anoche?, Pregunto Miguel.

Que sé yo, dijo; solo me acuerdo fue esta mañana pero yo estaba con una muchacha muy bella, que formas tenia y como hacia el amor, pero al salir ella abrió la puerta sé convirtió en una vieja esa que vieron ustedes.

Que horror dijo Juan; pasaste la noche con esa vieja pana y tu no te diste cuenta.

No sé; Dijo Raúl, la de anoche y esta mañana era una linda mujer.

¿Pero que te hizo?, Pregunto Juan.

Nada, nada no me hizo nada, sino el amor.

Todos se rieron.

Pero si es una vieja tu, estuviste toda la noche con esa vieja

Ya no sé; dijo Raúl; cubriéndose sus partes intimas pues estaba totalmente desnudo.

Veámonos de aquí para Caracas y mucho cuidado le cuenta algo a alguien.

Todos se rieron de la desventura de Raúl y partieron rumbo a la capital.

A la salida del pueblo vieron a Marisela con un vaso de calentado, que les ofrecía, se reía la muy picara, y le gritaba a Raúl.

¡Raúl, Raúl, no quieres mas calentado!.


 

Tomado del Libro: "Cuentos de aquí, allá y del más allá" de Gabriel Gutiérrez

Sábado 01 de septiembre de 2001.- San Cristóbal - Táchira - Venezuela.


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